En primer lugar, la previsión es que, al igual que ocurrió con las políticas de protección de datos, la implantación de sistemas de compliance aumente considerablemente con la transposición de la Directiva de los Canales de Denuncia, que impondrá la obligatoriedad de establecer uno de los elementos fundamentales de los programas de compliance, como son las vías de comunicación de incumplimientos de las directrices dadas.
No obstante, el punto central del presente artículo es la evolución de algunas técnicas, muy desarrolladas y utilizadas en otros sectores, y su posible aplicación en el mundo jurídico-empresarial del compliance. En concreto, el elemento capital para tomar una decisión se basa en el análisis de información que, como es palmario, en las últimas décadas, está sufriendo una transformación notable debido a la gran cantidad de información que generamos en todo momento, incluido en el trabajo.

Por ello, por el momento, en grandes compañías, que sacan rendimiento de la información generada, las técnicas de big data y, en definitiva, el procesamiento de datos masivos, deben ser elementos fundamentales a la hora de evaluar determinados riesgos a los que se puede encontrar expuesta.
Asimismo, yendo un paso más allá, no es descabellado pensar que se puedan introducir en los programas de compliance determinadas técnicas de inteligencia artificial, a través de las cuales se puedan identificar determinados patrones que, a su vez, retroalimenten el sistema, y prevengan la comisión de hechos delictivos o que puedan suponer un incumplimiento de las directrices dadas en el programa de compliance. De hecho, en muchos foros se discute la posibilidad de introducir sistemas de inteligencia artificial en el procedimiento penal, en dependencias policiales e incluso a la hora de tomar decisiones propias del juzgador.
Por lo tanto, inteligencia artificial y compliance están condenados a entenderse ya que tienen una relación de simbiosis. Por una parte, el compliance (entendido en un sentido amplio) es un elemento fundamental para el desarrollo de la inteligencia artificial, tal y como se puede observar en las diferentes directrices e informes emitidos por la propia Unión Europea, de tal modo que se pueda prevenir un uso ilícito de estos sistemas por medio de la autorregulación. Por otra parte, la gestión de riesgos penales y la identificación de patrones por medio de sistemas de inteligencia artificial adelanta la barrera de detección de posibles conductas ilícitas, resultando más eficaces, por tanto, los sistemas de compliance.





